Esta cuerpa mía, de Uri Bleier
Hace unos días terminé Esta cuerpa mía, la primera novela del escritor mexicano Uri Bleier, y me dejó con esa sensación que solo provocan las historias que incomodan y obligan a mirar de frente. Me atraen las narraciones que abordan problemas sociales complejos porque no solo cuentan: interpelan, sacuden y exigen una lectura más atenta.
Publicada en septiembre de 2024 por Penguin Random House bajo el sello Alfaguara, la novela abre con un epígrafe contundente de Camila Sosa Villada, tomado de su discurso al recibir el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, donde cita a Susy Shock: “Se inaugura la venganza de las travestis, por donde menos se lo esperaban, que es a través de la palabra”. Desde ahí, Bleier deja clara la línea que atravesará toda la historia.
La protagonista es Mónica Guazo Cano Martínez, una mujer trans que ha tenido que aprender a vivir en un entorno donde, como bien se dice en la novela, hay que ser “de piel gruesa y lágrima difícil”. La seguimos desde su nacimiento —el 7 de marzo de 1980, cuando fue nombrada Leonardo— hasta su tránsito hacia una identidad que siempre estuvo ahí, pero que tardó años en poder habitar con menos dolor.
La novela reconstruye su infancia en la Ciudad de México, marcada por la discriminación temprana, incluso dentro de su propio entorno, y su posterior huida a Tijuana en busca de algo más cercano a sí misma. Ahí, la historia se endurece: el trabajo sexual, la violencia física y moral, los abusos, pero también los encuentros con personas que acompañan, que cuidan, que sostienen. En ese tránsito, Mónica va encontrando, poco a poco, una forma de reconciliarse con su cuerpa —como ella misma la nombra—, aunque esa misma cuerpa sea, a ratos, refugio y a ratos campo de batalla.
Uno de los capítulos más duros, “La niña”, condensa el descenso más profundo del personaje. Después de una agresión brutal, el diálogo interno de Mónica con su niña interior se convierte en un acto de supervivencia. Es un momento devastador: duele, indigna, confronta. Frases como “Las trans y las putas llevamos los saberes en la cuerpa” resumen no solo su experiencia individual, sino una violencia estructural que atraviesa toda la novela.
El lenguaje es directo, sin concesiones. La crudeza no es gratuita: es necesaria. A lo largo del libro aparecen temas como los transfeminicidios, la sororidad, el activismo, la marginalidad, siempre desde una perspectiva encarnada, íntima. El lector no observa desde fuera: acompaña la caída, la resistencia y los intentos de reconstrucción de Mónica.
Hay también momentos donde la música irrumpe como un hilo emocional y un capítulo dedicado a Juan Gabriel que suma una capa de identidad, memoria y afecto. La historia se queda resonando: en la cuerpa, en la memoria, en una mezcla de dolor, nostalgia y, también, amor.
Después de conversar con Uri Bleier, la novela se expandió. Encontré a un autor empático, apasionado y profundamente consciente del lugar desde donde escribe y de la responsabilidad que implica contar una historia como esta. Esa impresión dialoga directamente con la honestidad del libro.
Esta cuerpa mía es una novela necesaria. Resultado de ocho años de trabajo, es un debut sólido y valiente, y también un homenaje a las mujeres trans. Un libro que no busca suavizar nada, pero que, justamente por eso, logra tocar fibras profundas.
Sin duda, estará en mi lista de favoritas de 2026.
289 páginas que no se leen desde la comodidad, sino desde la implicación.

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