Por mi gran culpa, de Ligia Urroz
La semana pasada, entre páginas y una copa de vino, terminé la más reciente novela de la escritora nicaragüense y mexicana Ligia Urroz, Por mi gran culpa, publicada bajo el sello Hachette Literatura.
La
historia me pareció potente y muy bien narrada. Su protagonista, Josefa,
es una joven gallega de finales del siglo XIX, criada en una familia
profundamente religiosa. Su vida cambia drásticamente tras sufrir un abuso
sexual por parte de un sacerdote renombrado —un “seductor de mentes”— que,
además, la deja embarazada. En un intento por evitar la deshonra familiar, sus
padres deciden enviarla junto a su hermana Dolores a Nicaragua, al otro
lado del océano. Es un viaje que no eligen, pero que marca su destino.
Urroz
plantea una historia tremenda y necesaria, que pone sobre la mesa los abusos
cometidos por representantes de la Iglesia, sin atacar la fe, pero sí
invitando a cuestionar las estructuras que han protegido el silencio. Hay
momentos que encienden la rabia: el abuso, la manipulación, la culpa impuesta,
y esa obediencia aprendida que hace dudar incluso a la víctima de su propia
inocencia.
En el
barco y después, en su nueva vida, las hermanas encuentran a Doña María
Luisa, una mujer entrañable que se convierte en guía y refugio en
Nicaragua. Poco a poco, Josefa encuentra en la música una forma de
sanar, enseñar y reinventarse: abre una escuela y, con ella, un nuevo sentido
para su existencia.
Por mi
gran culpa es una
novela que cuestiona la obediencia, la fe y la forma en que se inculca la
culpa en las mujeres. El título, por sí mismo, resuena como una confesión
colectiva: hasta qué punto se responsabiliza a la víctima y se santifica el
silencio.
Con una
prosa ágil y conmovedora, las 292 páginas de esta historia se leen de un
tirón. Además, está inspirada en un episodio familiar de la propia autora, lo
que añade una capa de hondura y verdad.
Fue mi
primer acercamiento a la narrativa de Ligia Urroz y sin duda no será el último.
La entrevistaré el miércoles 29 de octubre a las 6 de la tarde, para
conversar sobre esta historia que da tanto de qué hablar. Les invito a
acompañarme.

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