Raíz que no desaparece, de Alma Delia Murillo

 


Hace un par de días terminé de leer Raíz que no desaparece, la más reciente novela de la escritora mexicana Alma Delia Murillo, y todavía no termino de acomodar lo que dejó en mí. Alma Delia escribe como pocas: con una prosa tajante, clara, profunda. Cada línea se lee con facilidad, pero no pasa ligera; retumba, impacta, conmueve. Tiene ese raro talento de poner sobre la mesa uno de los temas más dolorosos y urgentes de nuestro país y obligarnos a mirarlo de frente, sin concesiones.

La novela plantea casi en sus últimas páginas una pregunta tan simple como brutal: ¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?

No hay respuesta posible que alcance a resolverla, y quizá ahí está una de las mayores potencias del libro.

Publicado bajo el sello de Alfaguara (Penguin Random House) en julio de este año, este libro de poco más de 200 páginas ya tiene un lugar asegurado en mi lista de mejores lecturas de 2025. Me dejó un vacío hondo en el estómago y en el corazón. A través de una ficción que en realidad no lo es tanto, Alma Delia nos presenta la historia de Ada, una madre que busca de manera incansable a su hijo Marcos. En sus sueños, él se comunica con ella y le da pistas. Sueños que, lejos de ser un recurso literario gratuito, dialogan con una realidad dolorosamente documentada: en muchos casos, han sido los sueños los que han guiado a las madres buscadoras hacia respuestas impensables.

Otro eje poderosísimo del libro es la presencia de los árboles. Los árboles como seres vivos que reaccionan ante las fosas clandestinas que se multiplican en nuestro país. La naturaleza respondiendo al dolor, como si fuera de los pocos testigos que no voltean la cara. Como si fuera, quizá, la única a la que verdaderamente le importa esta tragedia nacional de desapariciones y violencia sistemática.

A partir de una investigación profunda sobre cómo la naturaleza habla, reacciona y se manifiesta, Alma Delia nos confronta con otra verdad incómoda: la tierra grita cuando algo no está bien, y nosotros elegimos no escuchar. A ese dolor se suma otro igual de corrosivo: el de la impunidad, la burocracia, la clase política que no responde, que avanza como si el país no se estuviera desmoronando frente a sus ojos.

Leer este libro siendo madre es una experiencia que eriza la piel. Te coloca, sin permiso, en los zapatos y en el corazón de las madres, de los colectivos de búsqueda que, a pesar del miedo y las amenazas, salen a buscar. Mujeres que hacen comunidad desde el dolor, pero también desde una fuerza inmensa, sostenidas por ese amor radical que solo quien es madre entiende y que termina funcionando como un superpoder para soportarlo todo.

Con su pluma ruda y precisa, Alma Delia Murillo también reflexiona sobre el periodismo, la escritura y la búsqueda de la verdad como ejercicios profundamente peligrosos. Publicar verdades, hacer preguntas, nombrar lo que duele, se convierte en un riesgo real en un país donde incomodar tiene consecuencias.

Raíz que no desaparece es un libro que duele, pero que necesitamos leer. Un libro que nos obliga a conocer para sensibilizarnos, a respetar, a acompañar desde donde estemos a las madres buscadoras. Nos recuerda que cuidar a los nuestros es urgente, porque nadie más lo hará; y que hacerlo no debe nacer del miedo, sino de la información, de la claridad, de la palabra. Mientras tanto, la novela nos invita a mirar con más atención a la naturaleza, a los árboles, y a reconocer que de ahí venimos… y que quizá ahí sigue latiendo la memoria que nos negamos a ver.

 

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