El último secreto, Dan Brown

 


Hace algunas semanas recibí de Editorial Planeta la más reciente novela de Dan Brown, autor del ya clásico El código Da Vinci, publicado hace más de dos décadas. Se trata de una novela extensa —cerca de 800 páginas— que, en el fondo, no exige demasiado del lector: funciona como una película de acción llevada al papel. Y no lo digo en un sentido negativo. Al contrario, lo leí precisamente por eso: porque se lee rápido y porque, de vez en cuando, este tipo de historias resultan ideales para desconectar y dejarse llevar.

La trama se desarrolla en Praga, ciudad que no solo sirve de escenario, sino que se convierte en un personaje más. Castillos, iglesias y calles cargadas de historia acompañan el ritmo vertiginoso de la narración. La historia inicia con Katherine Solomon, una neurocientífica que viaja a Praga para impartir una conferencia en la que adelanta algunos planteamientos polémicos de su próximo libro, relacionados con la noética, el control mental y la precognición. Sus ideas son tan provocadoras que el manuscrito —ya en fase final de edición— parece sacudir creencias profundamente arraigadas y poner en riesgo intereses gubernamentales secretos.

Katherine mantiene una relación sentimental con Robert Langdon, profesor de simbología y protagonista habitual del universo de Brown. Tras la conferencia, ella desaparece junto con su manuscrito de los servidores de la editorial, y Langdon, como es previsible, inicia una carrera contrarreloj para encontrarla. Símbolos, pistas, persecuciones y secretos se encadenan en una historia que transcurre prácticamente en un solo día.

Uno de los elementos que hacen ágil la lectura son sus capítulos cortos y directos, pensados claramente para no soltar al lector. Además, Brown integra guiños interesantes, como la aparición del editor real del autor y de la editorial Random House, lo que añade una capa de juego entre ficción y realidad.

La novela pone sobre la mesa —desde la ficción, o quizá no tanto— investigaciones y desarrollos tecnológicos del gobierno de Estados Unidos en torno al control de la mente, mezclando ciencia, fe, esoterismo, simbología y reflexiones sobre la conciencia y el más allá. Todo ello con el sello reconocible de Brown: ritmo acelerado, enigmas constantes y escenarios espectaculares, incluyendo instalaciones secretas ocultas bajo el subsuelo de Praga.

Esta es la sexta entrega de las aventuras de Langdon, pero puede leerse de manera completamente independiente. En mi caso, no había leído la serie completa y eso no impidió disfrutar la historia. El último secreto cumple con lo que promete: una lectura absorbente, ideal para quienes buscan entretenimiento, acción y misterio sin mayores pretensiones, pero con la dosis justa de temas que invitan a la curiosidad.

 

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