Yesteryear, de Caro Claire Burke

 


Recientemente terminé el libro que está siendo nombrado en todos lados: Yesteryear, la primera novela de la escritora estadounidense Caro Claire Burke, quien debuta con una historia que ha despertado opiniones muy diversas dentro de la conversación literaria contemporánea.

Y no es para menos. En casi quinientas páginas, Burke construye una crítica a las llamadas Tradwives, mujeres que, principalmente a través de las redes sociales, recrean costumbres y modelos de vida de otras épocas como una forma de reivindicar un pasado que, desde su perspectiva, fue mejor. La novela cuestiona precisamente esa fantasía: la idea de que ese modelo de vida puede trasladarse intacto al presente cuando, en realidad, depende de recursos, condiciones económicas y una producción digital que poco tiene que ver con la aparente sencillez que muestra frente a la pantalla.

Creo que este es uno de esos libros cuyo valor cambia dependiendo de con qué literatura se le compare. Me interesa leerlo como documento y como obra creativa porque, desde mi punto de vista, sí consigue su propósito: hablar de esa trampa hacia la que todos estamos avanzando, la de confundir la realidad con la ficción y, especialmente, la vida cotidiana con el contenido que producimos para monetizarlo.

Pero si lo comparamos con grandes obras de la literatura o con otras piezas contemporáneas que han explorado la desigualdad, la violencia, el feminismo o las contradicciones sociales, Yesteryear quizá no aporte demasiado que no esté ya frente a nuestros ojos. Su fuerza está menos en la originalidad de sus planteamientos que en la manera en que los convierte en una historia comercial, ágil y, por momentos, incómoda.

La novela es irónica y absurda en la misma proporción en que se va volviendo incómoda y, sobre todo, reconocible.

Natalie Heller Mills es una mujer con una enorme presencia en redes sociales. Desde un rancho muestra su vida como ama de casa tradicional, dedicada a atender con esmero a sus seis hijos y a mantener un hogar aparentemente perfecto. Detrás de esa imagen, por supuesto, existe toda una producción: niñeras, organización, recursos y un montaje que hacen posible presentar recetas, maternidad y vida familiar como si todo ocurriera de manera espontánea.

En el presente, Natalie ha construido una identidad digital alrededor de una vida que, en apariencia, representa aquello que muchas Tradwives reivindican: una mujer dedicada al hogar, un esposo proveedor, hijos y una cotidianidad regida por roles tradicionales. Sin embargo, detrás de esa imagen cuidadosamente producida hay una mujer que no parece sentirse cómoda con el personaje que ha creado. Y entonces ocurre el quiebre: Natalie despierta en un lugar que parece pertenecer al pasado. De pronto, aquello que hasta ese momento era una representación cuidadosamente construida para las redes sociales se convierte en su realidad.

La historia se construye a partir de dos temporalidades que se van entrelazando. Por un lado, conocemos su vida como creadora de contenido: la organización de su casa, el apoyo de las niñeras, el montaje de sus recetas y la construcción de ese personaje que le permite ser, al mismo tiempo, madre, esposa e influencer. Ella misma se define como “una artista en el arte de vivir”, mientras detrás de esa perfección aparece una mirada mucho más desencantada sobre el mundo.

Por otro lado, está ese pasado extraño en el que Natalie parece encontrarse de pronto. La novela juega constantemente con la confusión temporal y nos obliga a reconstruir, junto con ella, qué ocurrió y cómo llegó hasta ahí.

A través de pequeños detalles que aparecen a lo largo de la narración, vamos intentando comprender qué está sucediendo. La información llega poco a poco y la novela aprovecha esa incertidumbre para mantener el interés hasta el desenlace.

Pero Yesteryear no habla únicamente de las Tradwives. También aborda la salud mental, las apariencias, las decisiones equivocadas y la manera en que determinadas elecciones pueden ir arrastrándonos hasta lugares que jamás imaginamos.

Hay además una crítica a la política estadounidense que puede trasladarse fácilmente a otros contextos: los intereses detrás de los candidatos, la construcción de discursos de acuerdo con las necesidades de la audiencia y la adaptación constante de los mensajes para conseguir una reacción.

Uno de los temas centrales es precisamente el llamado feminismo reaccionario y la nostalgia por un modelo de vida en el que los géneros vuelven a ocupar papeles tradicionales: el hombre como proveedor y la mujer como responsable de los hijos y del hogar. La novela pone en evidencia la distancia entre esa estética cuidadosamente construida y las condiciones reales que hacen posible sostenerla.

Me gustó el libro. Disfruté el ritmo y la manera en que Burke construye la narración. Intenté no analizarlo demasiado mientras lo leía y, en cambio, dejarme llevar por la historia para llegar después a mi propio juicio.

No creo que sea un título destinado a marcar un antes y un después en la literatura contemporánea, pero sí me parece una novela que aprovecha una coyuntura social y política muy real: el momento en que las redes sociales se han integrado de tal manera en nuestras vidas que cada vez resulta más difícil distinguir entre lo que somos, lo que mostramos y aquello que producimos para que otros lo consuman.

Y quizá ahí está su mayor acierto: hacernos dudar.

Al final, como sucede con todos los libros, esta novela es también un pretexto. Un pretexto para conversar, cuestionar, confrontar nuestras propias ideas. Que un libro genere opiniones tan diversas ya es, en sí mismo, una forma de éxito que va mucho más allá de sus ventas.

Yesteryear es, en ese sentido, una novela comercial narrada en primera persona que consigue desenmascarar la fantasía detrás de la estética Tradwife. Porque detrás de un vestido bonito, una casa impecable, hijos perfectamente arreglados y un delantal preparando una deliciosa comida hay una pregunta mucho más incómoda: ¿Qué parte de esa vida es realmente una elección y qué parte es una puesta en escena?

La novela parece responder que muchas mujeres no están buscando regresar a ese pasado idealizado, sino tener oportunidades, estabilidad económica, trabajos bien remunerados y la posibilidad de decidir cómo quieren construir sus vidas.

Los derechos para su adaptación cinematográfica ya fueron adquiridos por Anne Hathaway, por lo que seguramente estaremos hablando de Yesteryear nuevamente cuando llegue a la pantalla.

Publicada en mayo de este año por AdN Novelas y distribuida por Hachette Livre, agradezco a la editorial el ejemplar.

¿La recomiendo? Sí. Sobre todo si les interesa leer novelas que, además de contar una historia, ponen sobre la mesa algunas de las contradicciones de la vida que construimos —y mostramos— en redes sociales.

 

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