Ráfaga roja, de Liliana Blum
Publicada por Seix Barral, la novela nos recibe con una estructura
particularmente interesante: los capítulos llevan por título los escasos
alimentos que Hannie recibe mientras permanece en prisión. A partir de ese menú
raquítico, la narración retrocede en el tiempo para reconstruir su historia y
las circunstancias que la llevaron hasta ahí.
Desde su celda, Hannie recuerda los acontecimientos que comenzaron en
diciembre de 1939. Blum nos sitúa en Ámsterdam, cuando las noticias de la
invasión alemana a Polonia empiezan a transformar la vida cotidiana de Europa.
A través de una especie de carta o diálogo interior dirigido a Annie, su
hermana fallecida, la protagonista reconstruye su pasado y comparte con el
lector el proceso que la llevó de ser una joven tímida, insegura y estudiante
de Derecho a convertirse en una figura clave de la resistencia.
Uno de los mayores aciertos de la novela es precisamente la construcción de
ese proceso de transformación. Hannie no nace heroína: se va forjando poco a
poco, impulsada por las injusticias y las atrocidades que presencia. La vemos
pasar del miedo a la determinación, de la incertidumbre a la acción. Se integra
al Consejo de Resistencia Holandesa, participa en el robo de documentos de
identidad y termina involucrándose en operaciones cada vez más arriesgadas
contra los nazis. Como señala en uno de los pasajes del libro: “cuando ya
no quedan dudas, cuando una tiene los motivos correctos, una se vuelve
valiente”.
La llamada “chica del cabello rojo” —apodo que comparte una curiosa
coincidencia con la propia autora— se reinventa constantemente. Aprende a
disfrazarse, a asumir nuevas identidades y a convertirse en alguien capaz de
desafiar al régimen. Su rapidez y eficacia le valen el sobrenombre de Ráfaga
Roja.
Además de recuperar una figura histórica fascinante, la novela ofrece
reflexiones sobre la libertad, el destino, el miedo y las decisiones que
tomamos frente a circunstancias extremas. El recurso de utilizar la comida como
hilo conductor de los capítulos resulta especialmente efectivo: aquello que
Hannie ya no posee se convierte en un recordatorio constante de la pérdida, la
privación y la fragilidad humana, despertando empatía en el lector a partir de
algo tan cotidiano como alimentarse.
Ráfaga roja representó para Liliana Blum un reto importante como
escritora y una incursión exitosa en un nuevo género. Si te interesa conocer
más sobre el proceso de investigación y escritura detrás de esta novela, te
invito a ver la entrevista que le realicé durante la pasada edición de la Feria
Nacional del Libro de León, disponible en mi cuenta de Instagram.

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