La memoria es un animal esquivo, de María del Mar Ramón

 

Hacía mucho que un libro no me hacía llorar, y eso me pasó con La memoria es un animal esquivo, de la escritora colombiana María del Mar Ramón. Esta novela se ganó un lugar inmediato entre mis historias favoritas de 2025.


Dedicada “a todas las personas que comparten la ficción de una familia”, la autora construye un relato poderoso y sensible con el que es fácil identificarse en más de un nivel. En sus casi 300 páginas explora el amor y la complicidad entre quienes comparten sangre, pero también las cicatrices que dejan los gestos, las palabras y las acciones —esas heridas involuntarias que surgen entre hermanos, padres e hijos, porque así somos: humanos, imperfectos, llenos de sombras y de ternura.

La historia está narrada por Juan Francisco, el hermano de en medio, que regresa a la casa familiar en Cúcuta tras la muerte de uno de sus hermanos. Ese regreso a una casa vacía de objetos pero saturada de recuerdos lo enfrenta con su propia historia, con la sensación de nunca haber encajado del todo, con el eco de una infancia que se quedó atrapada entre la pérdida y la culpa. La casa, habitada por árboles y raíces, se convierte en un personaje más: una metáfora viva de la familia misma, de esas raíces que se aferran, se entrelazan, pero no siempre crecen en la misma dirección.

La autora retrata con sutileza a una madre amorosa y protectora, y a un padre severo, trabajador incansable, incapaz de comprender la sensibilidad de su hijo. Tras enviudar, ese padre se sumerge en el dolor, en la rabia y en la torpeza de no saber cómo ser o cómo seguir. Pero en medio de esta memoria familiar hay un recuerdo más oscuro, uno que marca a Juan Francisco para siempre: un abuso que se insinúa y que lo lleva a cuestionar su fe, su identidad y su lugar en el mundo.

La memoria es un animal esquivo también es una novela sobre la migración y el exilio interior. Juan Francisco huye a Europa buscando, a través del arte, limpiar los recuerdos y transformar el dolor en creación. Bajo el nombre artístico de Zadik, intenta reinventarse, aunque el pasado nunca deja de alcanzarlo.

El libro plantea preguntas profundas sobre la identidad y la fragilidad de la memoria:
¿Quiénes somos realmente?
¿Quién define lo que recordamos?
¿Podemos confiar en nuestros propios recuerdos o son solo versiones moldeadas por la culpa y el deseo?

María del Mar Ramón logra entretejer estas dudas con una prosa poética y luminosa, con una claridad que emociona y un ritmo que invita a leer sin pausa. Al cerrar el libro, queda una sensación de desasosiego y belleza: la certeza de que la memoria, como ese animal esquivo del título, se deja tocar solo por momentos.

Yo lo leí en la edición de Hachette publicada en enero de este año, con una portada preciosa ilustrada por Daniel Bolívar.

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